La crisis del coronavirus puede duplicar el número de personas con hambre aguda en el mundo, según Naciones Unidas

El organismo prevé que el número de personas que hacen frente a inseguridad alimentaria aguda aumente a 265 millones en 2020, 130 millones más que en 2019.

Imagen de una mujer cocinando en Yemen. PMA/ Mohammed Awadh

Fuente: eldiario.es (Desalambre)

La pandemia de coronavirus puede duplicar el número de personas que padecen hambre aguda en el mundo, según ha advertido el Programa Mundial de Alimentos (PMA) este martes. Se trata de una proyección elaborada sobre los resultados del informe publicado este martes por el organismo y otros 15 socios que analiza el impacto de las crisis alimentarias en todo el mundo.



En 2019, al menos 135 millones de personas sufrían los niveles más agudos de hambre en un total de 55 países y territorios incluidos en el informe global de la Red mundial contra las crisis alimentarias, lanzada por la Unión Europea, la FAO y el PMA. La mayoría de ellas se encontraban en países afectados por conflictos (77 millones), crisis climática (34 millones) y crisis económicas (24 millones de personas), señala el Programa Mundial de Alimentos.



Tomando como referencia este informe, el organismo prevé que el número de afectados por la inseguridad alimentaria aguda, esto es, Fase 3 o peor de la escala de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (IPC / CH) aumente a 265 millones en 2020 en países de ingresos medios y bajos, 130 millones como resultado del impacto económico del coronavirus, de acuerdo con el organismo especializado. Se considera hambre aguda cuando el no poder consumir alimentos adecuados pone en peligro inmediato la vida o los medios de subsistencia. Es más grave que el hambre crónica.



“La COVID-19 es potencialmente catastrófica para millones de personas cuyas vidas ya penden de un hilo. Supone un golpe para millones de personas más que solo pueden comer si ganan un salario”, asegura en un comunicado Arif Husain, economista jefe del PMA. “Los confinamientos y la recesión económica mundial ya han diezmado sus ahorros. Solo se necesita un shock más, como la COVID-19, para llevarlos al límite. Debemos actuar colectivamente ahora para mitigar el impacto de esta catástrofe mundial”.



“Se requiere una respuesta que vaya más allá de lo sanitario: las consecuencias socioeconómicas de la pandemia pueden ser tan dañinas como la propia enfermedad para países sin mecanismos de protección y con la mitad de la población viviendo al día a causa de una economía informal”, ha afirmado Olivier Longué, Director General de Acción contra el Hambre, tras conocer el informe. “Es fundamental que se dispongan fondos adicionales, sin mermar los ya comprometidos en actuales crisis alimentarias, y que se flexibilicen los fondos actuales”.



De acuerdo con el estudio de la red mundial, 10 países padecieron las peores crisis alimentarias en 2019: Yemen, República Democrática del Congo, Afganistán, Venezuela, Etiopía, Sudán del Sur, Siria, Sudán, Nigeria y Haití. Si se compara el número de personas afectadas en los territorios estudiados en el informe anterior -para este se han añadido más- la cifra repunta, reflejando el empeoramiento de la situación en crisis impulsadas por conflictos, en particular en República Democrática del Congo y Sudán del Sur, y de aquellas impulsadas por la creciente gravedad de la sequía y las crisis económicas, como Haití, Pakistán y Zimbabwe.



El impacto del coronavirus



Los datos analizados en el informe corresponden a 2019, es decir, son previos a la crisis causada por el coronavirus. Los autores recuerdan que la nueva enfermedad está teniendo un impacto “sin precedentes” en todo el mundo, tanto en la salud como en términos socioeconómicos. En este sentido, sostienen que las 135 millones de personas que sufren los niveles más severos de hambre, y requieren asistencia alimentaria y nutricional, “son las más vulnerables” a las consecuencias de esta pandemia “ya que tienen una capacidad muy limitada o nula para lidiar con los aspectos sanitarios y socioeconómico” del 'shock' causado por el coronavirus.



El estudio indica que, además, el avance mundial de la enfermedad “puede hacer que aumenten los niveles de inseguridad alimentaria aguda en países que dependen de las importaciones de alimentos, las exportaciones de alimentos, el turismo y las remesas para obtener ingresos”, como los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), 39 en total repartidos en la región del Caribe, la región del Pacífico y la región constituida por África, el Océano Índico, el Mediterráneo y el Mar de China.



Aunque la red mundial matiza que “en el momento de la publicación es demasiado pronto para decir a en qué medida va a afectar la pandemia” a los países analizados “es probable que la COVID-19 tenga un profundo impacto en la salud y el estado nutricional” dado “el mal estado de los sistemas sanitarios públicos y la falta de recursos económicos de las personas para acceder al cuidado de la salud”. Asimismo, sostiene que “es probable”que las mayores tasas de enfermedades subyacentes, incluidas las enfermedades no transmisibles y la malnutrición que debilitan el sistema inmunológico, “aumenten el riesgo” de que las personas desarrollen síntomas graves de COVID-19.



Por otro lado, consideran que los “efectos colaterales” a nivel mundial de COVID-19 podrían dar lugar a un aumento de los precios de los alimentos debido, por ejemplo, “a la escasez de mano de obra agrícola y al efecto adverso de las políticas proteccionistas”. “Las necesarias restricciones de movimiento, combinadas con la esperada desaceleración de la economía mundial, amenazan simultáneamente con perturbar las actividades de producción, elaboración y comercialización de alimentos, así como los movimientos de ganado”, agregan.



Además, pronostican que el aumento del desempleo y el subempleo [aquel en el que se trabaja menos horas de las que se desea] así como la reducción del poder adquisitivo tendrán graves consecuencias para las poblaciones empobrecidas y vulnerables de los países “que ya están atravesando crisis como un conflicto y/o la actual agitación económica y política”. En concreto, pone el foco en las personas desplazadas que viven en campamentos y las poblaciones desplazadas y anfitrionas en entornos urbanos, así como “los ancianos, los niños pequeños, las mujeres embarazadas y lactantes y las personas con discapacidad” y señala que “son especialmente vulnerables a los efectos de largo alcance de esta enfermedad”.



También creen que la pandemia también puede crear condiciones para que se produzcan disturbios, sobre todo en los países azotados por las crisis alimentarias, así como obstaculizar las operaciones de entrega de asistencia humanitaria por las restricciones adoptadas.



“Para evitar que decenas de millones de personas que ya se enfrentan a los alimentos crisis de sucumbir al virus o a sus crisis económicas consecuencias, todos los actores deben movilizarse y coordinar a lo largo de un conjunto de prioridades operacionales y estratégicas. Esto implicará la ampliación de la preparación de la salud pública y respuesta y protección de las poblaciones vulnerables. También es crucial para movilizarse rápidamente a fin de salvaguardar los medios de vida y los sistemas agroalimentarios conexos en los países con crisis alimentaria y proteger la cadena de suministro de alimentos”.

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