3500 millones: Razones para resucitar la cooperación descentralizada

Artículo de José Manuel Moreno Domínguez, de la Fundación Entreculturas. Esta organización acaba de presentar un informe sobre el valor de la cooperación descentralizada

Fuente: 3500 millones

Análisis de la evolución de la Ayuda Oficial al Desarrollo de comunidades autónomas y entidades locales

Anexo datos autonómicos

La pasada semana representantes de la Coordinadora Andaluza de ONG de Desarrollo (CAONGD) han entregado a los parlamentarios andaluces un regalo muy curioso y simbólico al mismo tiempo: una cesta navideña que incluía el Plan Andaluz de Cooperación para el Desarrollo 2015-2018 (PACODE) convertido literalmente en papel mojado. La imagen quería poner en evidencia el incumplimiento del compromiso de dotación presupuestaria que la Junta de Andalucía había asumido con la aprobación de este PACODE, que recogía que la Ayuda Oficial al Desarrollo iría aumentando progresivamente hasta alcanzar en 2020 el 0,7% del presupuesto, situándose en 2016 en el 0,35%. Sin embargo, lejos de aumentar, el presupuesto que se aprobará por parte del gobierno andaluz para la cooperación al desarrollo será levemente inferior al de 2015 quedando fijado en un 0,16%.

Ocurre esto en la comunidad autónoma que más dinero invierte en cooperación internacional, porque si nos detenemos en la situación de otras comunidades, pese a los compromisos electorales y pese a los nuevos gobiernos que han surgido tras las últimas elecciones autonómicas y locales, es difícil encontrar una apuesta decidida por una política pública que ponga en valor la solidaridad y la cooperación de nuestros territorios. Las propuestas presupuestarias de las comunidades vuelven a poner en evidencia que la cooperación se plantea como una política secundaria o superflua de la que se puede prescindir en tiempos difíciles, en tiempos de negociaciones parlamentarias, control del déficit público o reducción del gasto de las autonomías.

Un discurso que contrasta, además de con los compromisos electorales, con los montos que moviliza la cooperación internacional, que son extremadamente pequeños si los comparamos con cualquier otra partida, tanto en términos globales como proporcionalmente por persona y año. Así, los 138 millones de euros que todas las comunidades autónomas presupuestaron para la cooperación en 2015 equivalen a menos de 3 euros por persona al año, una cantidad ridícula si la comparamos con el dinero que nos gastamos anualmente en lotería (48 euros) o con lo que nos gastamos en bebidas, bollería y golosinas tomadas fuera de casa (475 euros).

Y también contrasta con la propia opinión de la ciudadanía que parece tener claro que la solidaridad con los que más lo necesitan debe ser un imperativo ético y moral que se traduzca en una política pública permanente, tal y como se recoge en el último eurobarómetro donde nueve de cada diez españoles entrevistados (90%) opinan que ayudar a las personas de los países en desarrollo es importante. Además son los españoles junto a los suecos, los que más defienden que la lucha contra la pobreza en los países en desarrollo debería ser una de las principales prioridades de su gobierno nacional.

Debe ser en tiempos de crisis cuando adquieran más importancia que nunca los programas dirigidos a luchar contra la pobreza, fortalecer los derechos fundamentales, promocionar el tejido asociativo, concienciar sobre los modelos sociales económicos y/o culturales que generan desigualdad o potenciar el voluntariado y los valores solidarios frente a la idea de competitividad. El contexto actual precisa de redes de solidaridad que minimicen los impactos de la crisis, tanto en el ámbito internacional como a nivel nacional y local.

De este modo, la configuración de nuevos gobiernos autonómicos y municipales ligados a plataformas ciudadanas o comprometidos con políticas que garantizan los derechos sociales básicos, creíamos que constituirían una oportunidad para impulsar y renovar los pactos de lucha contra la pobreza y consolidar estas redes de solidaridad. Sin embargo, una vez planteados los presupuestos de comunidades como Cantabria, Castilla y la Mancha, Aragón o la Comunidad Valenciana, no parece que vaya a ser así.Necesitamos traducir las promesas en compromisos, pero también necesitamos poner en valor la cooperación que se ha venido desarrollando desde nuestras administraciones locales y regionales. Una línea de trabajo que ha deparado proyectos singulares y experiencias enriquecedoras que han logrado destacar la cooperación descentralizada como uno de los hechos diferenciales y característico de la cooperación española en el marco internacional.

Si tuviésemos que destacar tres aspectos especialmente relevantes y característicos de la cooperación descentralizada que podemos visibilizar con datos ilustrativos serían:

a) La confianza depositada en el tejido asociativo y las ONGD como principales actores territoriales para gestionar procesos y proyectos de cooperación y educación para el desarrollo. Si comparamos el porcentaje de la ayuda que gestionan las ONGD en la cooperación de la Administración General del Estado y en la cooperación autonómica, vemos como en esta última es ocho veces mayor, situándose en valores cercanos al 80%.

Porcentaje de AOD gestionado por ONGD


b) El papel relevante y privilegiado que juegan las administraciones locales en la promoción de la educación para el desarrollo en los territorios y en el conjunto de la cooperación española. Si sumamos los fondos que invirtieron las entidades locales y las CCAA en programas y proyectos de Educación para el Desarrollo (EpD), sumaban en 2013 más de un 75% del total de AOD en este ámbito. Si el porcentaje invertido en este año desde la Administración General del Estado para EpD suponía un escueto 1,30% del total de la AOD, en las Comunidades Autónomas y en las Entidades Locales, esta cifra alcanza alrededor del 10%.

Porcentaje de AOD dedicada a Educación para el Desarrollo (EpD)

c) La inversión preferente en el sector de los Servicios Sociales Básicos, especialmente, la salud y la educación. Para el destino de los fondos de la cooperación descentralizada se han priorizado proyectos educativos y de salud que se han convertido casi en un área de especialización de algunas organizaciones y administraciones locales. Como vemos en el gráfico, el porcentaje de AOD destinado a Servicios Sociales Básicos viene siendo entre tres y cuatro veces superior en las Comunidades Autónomas que en la Administración General del Estado (con la excepción de los años 2008 y 2009).

Porcentaje de AOD dedicada a Servicios Sociales Básicos

No se nos ocurre mayor compromiso con las necesidades sociales básicas, con el fortalecimiento del tejido social y la organización ciudadana, así como con la educación de una ciudadanía crítica y concienciada con las distintas realidades del mundo, que apoyar las políticas públicas de cooperación internacional de cada uno de nuestros territorios. Ojalá muchas comunidades quieran abanderar esta apuesta.

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