PERSONAS MIGRANTES, REFUGIADAS Y DESPLAZADAS, MÁS EXPUESTAS AL CORONAVIRUS

Los equipos de Acción contra el Hambre alertan del riesgo exponencial para poblaciones concentradas en espacios reducidos, sin un hogar seguro en el que aislarse y con débiles sistemas de saneamiento para garantizar su higiene.
Acción contra el Hambre trabaja ya en algunos de los países que han decretado emergencia sanitaria, como Colombia -con más de 1,4 millones de migrantes provenientes de Venezuela- y Líbano, -1,5 millones de sirios en su territorio- para hacer frente a este virus.


Madrid, 24 de marzo de 2020.

“Aquí, en Líbano, la prioridad ahora es el agua. Estamos redoblando esfuerzos para aumentar cuanto antes el número de litros de agua que reciben por día los refugiados en los asentamientos informales: el agua es el primer elemento para promover una buena higiene”, explica desde Beirut Beatriz Navarro, directora país de Acción contra el Hambre. En este país la comunidad humanitaria está coordinando esfuerzos para aumentar este suministro que se realiza con camiones cisterna desde el inicio del conflicto en Siria, en marzo de 2011.

Estamos hablando de poblaciones concentradas en asentamientos informales, donde conviven muchas personas en poco espacio y a menudo con sistemas inmunológicos debilitados: “En estos asentamientos, de tiendas de lonas, viven personas muy vulnerables, donde pueden juntarse 5 o más personas, y a escasos metros una tienda de la otra, lo que provocaría una mayor posibilidad de contagio del coronavirus”, añade. El invierno es siempre duro en Bekaa, donde se encuentran la mayoría de los refugiados sirios, y las condiciones de higiene no son óptimas. En estos asentamientos son muchos los menores y ancianos que están ya tocados por infecciones respiratorias o neumonías, además de las enfermedades crónicas que ya padecen.

Navarro advierte que la preocupación no son solo las personas refugiadas, a las que una propagación del virus podría estigmatizar aún más: “nos preocupa, obviamente, la población libanesa, el impacto que esta crisis va a tener en las personas más vulnerables, después de los meses de incertidumbre en materia social, política y económica que está sufriendo el país”. Navarro insiste en que “tras ocho años siendo el país del mundo con mayor número de refugiados per cápita cualquier intervención de ayuda a refugiados deberá tener muy en cuenta también a la población local”.

El confinamiento reduce las posibilidades de ayuda

Las medidas de restricción de movimientos que empiezan a decretarse en numerosos países están empezando a convertirse en retos para la provisión de ayuda. Desde Mindanao (Filipinas), donde los equipos de Acción contra el Hambre ya están preparados para reforzar las actividades de promoción de higiene y provisión de agua segura, advierten que la población más expuesta al virus “son los miles de desplazados que viven en campos provisionales, que dependen directamente de la ayuda humanitaria para sobrevivir y donde las actuales limitaciones de movimientos están dificultando esta entrega”, explica Jasper Janderall, jefe de base en Iligan.

Los equipos de Acción contra el Hambre en Colombia, que esta semana ha declarado el Estado de Emergencia con cierre de establecimientos y prohibición de las concentraciones de más de 50 personas en un mismo lugar, advierten del rápido impacto que el cierre de los comedores infantiles va a tener sobre los niños y niñas colombianos que dependían a diario de estos alimentos. Las autoridades ya están implementando acciones de mitigación para limitar las consecuencias.

Nuestros equipos también alertan sobre los efectos del cierre de los comedores en zona fronteriza y, de manera especial, sobre los impactos en la seguridad alimentaria de miles de migrantes provenientes de Venezuela y, particularmente, en las personas más vulnerables (niños, niñas, mujeres embarazadas así como personas mayores) que dependían de esta red para alimentarse. Aquí también se están implementando medidas urgentes de entrega de alimentos e integración de estas personas a programas de transferencia monetaria y bonos de alimentos.

Por otra parte, las medidas de emergencia impactarán fuertemente al sector servicios y en el empleo informal, que ocupa al 48% de la población trabajadora y cuya actividad asumen, generalmente, las personas más vulnerables. El equipo de Acción contra el Hambre en Colombia explica que “tememos también una sobre carga en la capacidad de atención del sistema de salud especialmente en los departamentos fronterizos con Venezuela, donde numerosas personas migrantes viven en situación de calle”. El cierre de la frontera con Venezuela hace previsible, además, un aumento del paso por trochas ilegales, sin control sanitario.

En este país Acción contra el Hambre está organizando el refuerzo de los kits de prevención que entrega a migrantes (solución antibacterial, pañitos húmedos con alcohol y jabón, entre otros) y también los elementos de saneamiento en los sitios de mayor aglomeración de población, y está diseñando una respuesta de salud y apoyo alimentario.

Se necesita una doble respuesta

Los equipos de Acción contra el Hambre están diseñando ya, en coordinación con las autoridades locales y la comunidad humanitaria, respuestas adaptadas a cada contexto: “todo hace prever que habrá que trabajar en dos direcciones: contener la propagación del virus, por un lado, y apoyar a los más golpeados por las restricciones de movimientos y por las consecuencias económicas asociadas”, señala el Director General de Acción contra el Hambre, Olivier Longué. “Otro gran reto será conseguir que esta pandemia no eclipse totalmente la atención sobre otras crisis no tan cercanas para los europeos, pero no menos graves en términos de sufrimiento humano, como las de Yemen, Sahel o el Cuerno de África”, concluye.

Acción contra el Hambre desarrolla programas de salud y promoción de higiene en cerca de cincuenta países en el mundo. Solo en 2018 distribuimos 2,6 millones de kits de higiene y nuestros programas de promoción de higiene llegaron a 8,9 millones de personas.

Acción contra el Hambre es una organización humanitaria internacional que lucha contra las causas y los efectos del hambre. Salvamos la vida de niños y niñas desnutridos. Garantizamos a las familias acceso a agua segura, alimentos, formación y cuidados básicos de salud. Trabajamos también para liberar a niños, mujeres y hombres de la amenaza del hambre. En España trabajamos contra el desempleo y por la inclusión sociolaboral de personas con dificultades de acceso al mercado de trabajo.

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