“Hemos aprendido a ser una comunidad”

Hay un dicho popular que dice que solos podemos hacer muy poco y sin embargo, unidos podemos hacer mucho. Bajo esta premisa se creó la asociación civil de granjeros y granjeras del barangay (pequeño distrito) costero de Manzana.

Fuente: InteRed

Hay un dicho popular que dice que solos podemos hacer muy poco y sin embargo, unidos podemos hacer mucho. Bajo esta premisa se creó la asociación civil de granjeros y granjeras del barangay (pequeño distrito) costero de Manzana.


Manzana se encuentra en el golfo de Lagonoy, un lugar donde los arrozales son los principales protagonistas. Este tipo de cultivo necesita grandes cantidades de agua y, además, es especialmente vulnerable a distintos sucesos meteorológicos. Para mejorar la resiliencia de estas comunidades, el Convenio con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) implementado en consorcio por InteRed, Codespa y la Federación de Religiosas para la Salud, ha impartido distintos talleres en los que han enseñado a los habitantes de esta localidad rural a buscar distintas alternativas para sobrevivir.


Y en el barangay Manzana han sabido sacar provecho a sus arrozales buscando cultivos más resistentes y mejorando su calidad de vida consumiendo alimentos ecológicos. Eso sí, protegiendo el medioambiente y con la esperanza de reducir el drástico efecto que está teniendo el cambio climático en el país. Un efecto cuyas principales víctimas son estas pequeñas comunidades.


Lilian Balmez es presidenta de la asociación de mujeres del barangay Manzana y al mismo tiempo, vicepresidenta de Mantanpiya, la asociación civil de campesinos y campesinas de este municipio. El objetivo principal de trabajar juntos persiguiendo un mismo fin es defender sus propios intereses, admite. “En estos momentos estamos trabajando por intentar sacar adelante el cultivo de arroz orgánico. A través de FRS (Fundación de Religiosas para la Salud), el Convenio nos ha proporcionado semillas. Por el momento han prosperado 5 de 50, pero estamos esperanzados ya que producen arroz de muy buena calidad las que han salido adelante“, añade.


Entiende por arroz orgánico todo aquel que es “cultivado sin sprays ni fertilizantes químicos. Es más caro, pero también más saludable y mejor para el medio ambiente“. En cuanto al papel que juega la mujer en la agricultura afirma que cada vez son más las mujeres que son partícipes de este modo de vida. “De 40 miembros, solo unas 15 somos mujeres. La agricultura es mayoritariamente masculina actualmente. Aunque sí que es cierto que, a los seminarios y reuniones formativas, organizados prácticamente todos por el Convenio, acudimos más mujeres.”


Son muchas las enseñanzas que desde Mantanpiya han extraído de estos seminarios. “Lo más importante que hemos aprendido es a ser una comunidad. Antes trabajábamos cada uno en su granja y punto. Los seminarios impartidos por el personal del Convenio han sido la base para aprender a vivir como una comunidad. Hemos aprendido kaibigan, (camaradería). A trabajar juntos, persiguiendo un mismo objetivo. ¡Por eso sólo podemos decir Salamat! (Gracias)“.

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