Navegando en el espacio vacío entre Palestina y el mundo occidental

Tahreer Jaber, de la Unión de Comités Palestinos de Mujeres (UPWC) y, Budour Hasan, del Centro de Ayuda Legal y Derechos Humanos de Jerusalén (JLAC), han derrumbado, con la contundencia de su mensaje y su voz, los infranqueables muros que durante décadas mantuvieron ocultos los testimonios del pueblo palestino.

Tuvieron la oportunidad de expresar lo que supone vivir bajo el régimen de apartheid de Israel, Budour, a través de su participación en el programa de radio Próxima Parada, de À Punt (en el espacio semanal en el que participa la Coordinadora Valenciana de ONGD) y, Jaber, a través de su interlocución con la fundación Mundubat.

Jaber y Hasan son las testigas directas de una realidad de apartheid que llevan sufriendo y denunciando durante décadas, independientemente de los hitos que marcan las declaraciones e interpretaciones puntuales de organismos internacionales y agentes políticos y sociales que cuentan con gran prestigio y credibilidad internacional. Ambas trabajan de la mano con la fundación Mundubat, junto con sus organizaciones UPWC y JLAC.

La fundación Mundubat lleva más de veinte años de trabajo en Palestina, en alianza con las organizaciones palestina como UPWC y JLAC, entre varias, exigiendo el respecto de los derechos de la población palestina y en especial, de las mujeres, demasiadas veces violados por parte del ocupante. De hecho, a través del apoyo de las instituciones valencianas, en la actualidad, en coordinación con la UPWC, se están ejecutando en Palestina dos proyectos, uno financiado por el Ayuntamiento de València y el otro por la Generalitat Valenciana.

Derechos de las mujeres

En el primero de los proyectos, Fortalecer el empoderamiento y la participación de las mujeres palestinas de Hebrón y Nablus, el financiado por el Ayuntamiento de València, Mundubat y UPWC buscan promover la defensa y protección de los derechos humanos de las mujeres palestinas en dos gobernaciones de Cisjordania gravemente afectadas por la ocupación israelí, Hebrón y Nablus.

Impulsan el empoderamiento colectivo de mujeres residentes en áreas urbanas y rurales a través de una doble estrategia: por un lado, formaciones específicas en género, derechos humanos e incidencia política y el desarrollo de iniciativas colectivas para la promoción y defensa de los derechos de las mujeres, ofreciendo espacios de participación en la esfera de lo público; por otro lado, las iniciativas y campañas de incidencia a nivel local, nacional e internacional.

Con el proyecto que ha sido posible llevar a cabo gracias a la financiación de la Generalitat Valenciana, Fortalecimiento del sistema de salud mental y apoyo psicosocial de protección y respuesta comunitaria frente a vulneraciones de derechos de población vulnerable, la fundación Mundubat y UPWC buscan contribuir a mejorar la salud mental y el bienestar psicológico de población vulnerable en la Franja de Gaza, específicamente de mujeres, niños, niñas y jóvenes. Para ello, en el corto plazo, el proyecto se centrará en fortalecer el sistema de salud mental y apoyo psicosocial (SMAPS) de protección y respuesta comunitaria frente a vulneraciones de derechos de mujeres, niños, niñas y adolescentes en la Franja de Gaza.

Resistiendo desde 1948

La represión militar, la limpieza étnica, la revocación de residencia y las expulsiones masivas de sus territorios, no son parte de un evento histórico que ya pasó. “Es un proceso que continúa desde 1948, por más de siete décadas los palestinos viven bajo esos sistemas de control, de sofocación”, declaró Budour Hasan ante los micrófonos del programa de À Punt, Próxima Parada. Dichos sistemas de control han venido forjándose desde la Nakba en 1948, es decir, desde la creación del Estado de Israel, por los sucesivos gobiernos que fueron turnándose en el poder, quienes “han creado y mantenido un sistema de políticas y prácticas diseñadas para oprimir a la población palestina”, según denunció, en el mismo programa, Budour Hasan, trabajadora de JLAC.

Escucha la sección en Próxima Parada (desde el minuto 36:15).

Incluye entrevista a Isabelle Dudzinski, portavoz de Amnistía Internacional

Cuando nos referimos a la población palestina, la que lleva décadas detenida en la emboscada tendida por el régimen sionista que se dedica a ocupar y anexionar territorio ajeno con base en la limpieza étnica, hablamos no sólo de la población originaria de Gaza y Cisjordania, sino también de las y los palestinas/os que viven a ambos lados de la línea verde; es decir, a ambos lados de la frontera de facto que separa el territorio del Estado de Israel del territorio palestino.

Gaza

Entre los fragmentos o trozos de territorio que pertenecen al Estado de Palestina, destaca, por inhumana, la situación de Gaza: es, en palabras de Budour Hasan, un régimen que lleva sufriendo las consecuencias de estar sometido a un régimen de apartheid por 15 años: “alrededor de dos millones de personas están sobreviviendo en condiciones inhumanas, debido al bloqueo ilegal materializado por el régimen de ocupación ilegal israelí”.

Escucha el testimonio completo de Budour Hasan, palestina que trabaja con la organización JLAC.

 

Pero, los destellos de verdad que revelan la condición más inhumana de todas reverberan sobre los puestos de control que levantan infranqueables barreras, no sólo frente a las posibilidades de libertad de la población palestina, sino, también frente a la necesidad de cualquier habitante de Gaza para acceder a algo tan básico como la atención sanitaria (si una persona palestina necesita atención en salud tiene que conseguir un permiso del lado israelí para acceder a hospitales o centros de salud); a lo que se suman las cloacas de un estado israelí que ordena, inclemente, confiscaciones masivas de tierras, desalojos, y la aplicación de un régimen militar represivo sobre población palestina que vive en el llamado Israel.

Estrategias para jerarquizar y dividir

El estado israelí viene desarrollando y puliendo, desde el momento de su constitución, todo un acervo de dispositivos estratégicos con el fin de alcanzar un claro objetivo: mantener la condición de privilegio de la población judía israelí a expensas de la palestina. Según denuncia Jaber, “utilizan numerosas estrategias para ello, como mantener a la población palestina separada entre sí, las demoliciones de casas, desahucios forzosos y despojar a la sociedad palestina de la posibilidad de gozar de las condiciones de dignidad social y económica”.

Los check points son parte de la estrategia de apartheid del régimen israelí, que impide a la población palestina entrar en algunas áreas palestinas, no sólo en las ocupadas en 1948 sino también en las zonas ubicadas en Cisjordania.

Otro ejemplo del régimen de apartheid, según Jaber, es privar a las familias de la posibilidad de reunificarse y vivir en la misma casa, especialmente si una de las personas integrantes de la familia o del matrimonio es de Jerusalén y la otra de otra ciudad en Cisjordania o en Gaza.

Escucha el testimonio completo de Tahreer Jaber de la Unión de Comités Palestinos de Mujeres (UPWC)

 

La ley al servicio del apartheid

Muchas de las prácticas de exclusión contra la población palestina, con las que el régimen israelí incurre en graves violaciones de derechos humanos, son cubiertas por el barniz de la “legalidad absolutoria”; es decir, la adecuación de los marcos legales del estado a la impunidad de los crímenes del apartheid constituye un refinado mecanismo de ejercer violencia.

“Un palestino puede ser encarcelado por cuatro años sin cargos y sin haberse celebrado un juicio”

Tal y como señala Budour Hasan, “es muy importante hablar de esto, sobre el efecto de ese sistema contra todos los aspectos de la vida de los palestinos, no solo de la crueldad, la violencia directa, las matanzas, sino también la violencia invisibilizada, de la burocracia, la crueldad vana en la que consiste el vivir bajo un sistema que te deshumaniza”.

Ley racista

Uno de los referidos casos de violencia que pasa de puntillas ante los ojos de la comunidad internacional, se materializa con la aplicación de la ley de reunificación familiar; una ley racista que, con el objetivo de garantizar la mayoría judía en el estado de Israel, prohíbe la reunificación a las familias palestinas que viven en Israel o en territorios ocupados.

Las leyes que encubren crímenes de lesa humanidad y conculcaciones contra los derechos humanos son, no obstante, múltiples y de diversa índole: hay leyes que sustentan la confiscación de tierra y también, según Hasan, “la prohibición de retorno de millones de refugiados palestinos, en contra de las reglas internacionales”.

Contrastan con lo anterior otro tipo de acciones y hechos victimizantes que ni siquiera están encubiertos por ningún tipo de normatividad hecha a la medida de las pretensiones de un régimen genocida. Es el caso de la detención administrativa que, en opinión de Hasan, se trata de otro de los patrones que marcan claramente la naturaleza del régimen racista de Israel: “un palestino puede ser encarcelado por cuatro años sin cargos y sin haberse celebrado un juicio”.

La dimensión material y moral de la violencia

Muchas familias palestinas no tienen acceso a recursos naturales, especialmente a agua y tierra, debido a que, según Tahreer Jaber, “el régimen de ocupación israelí controla alrededor de un 90% de los recursos hídricos de las y los palestinos, y los colonos israelíes, que viven en asentamientos ilegales en Cisjordania, consumen 10 veces la cantidad de lo que consume la población palestina en el área”. Además, agrega Jaber, “las familias empobrecidas en Cisjordania pagan en torno al 15% de sus ingresos para abastecerse de agua”.

Para acabar con las posibilidades de existencia de un pueblo, se suma a la dimensión material la esfera de lo moral: “todas nuestras opciones, decisiones, son influidas y afectadas por vivir bajo este régimen de apartheid; nuestra decisión de amar, vivir, trabajar, está bajo ese sistema”, manifiesta Hasan. Es un sistema laberíntico de leyes, órdenes y burocracia, cuyo objetivo es destrozar el pueblo palestino.

El informe de Amnistía Internacional: el espejo de los problemas estructurales

La importancia del informe que acaba de hacer público Amnistía Internacional este febrero de 2022, en la cual califica a Israel de estado de apartheid, reside en que, según Hasan, habla “claramente que este sistema de apartheid de dominación sistemática no sólo afecta a los palestinos de Cisjordania y Gaza, sino que es existe a los dos lados de la línea verde, desde 1948, desde la limpieza étnica de más de 700.000 palestinos”.

 

No obstante, hay algo en esto que choca al pueblo palestino, tal y como refleja la interpretación que Hasan hace de este acontecimiento de gran trascendencia internacional: “la importancia del informe de Amnistía Internacional es decir las cosas en claro, pero las palestinas y palestinos decimos que Israel aplica este régimen de apartheid desde hace décadas; desafortunadamente, la sociedad internacional no oye cuando los palestinos hablan y esperan que un abogado internacional o una persona famosa o blanca diga estas cosas”.

Queda reflejada, en esa lectura de la noticia, el sesgo de una mirada colonial y racista desde la que el mundo occidental lee y codifica los fenómenos políticos, sociales y económicos; una tara estructural que no entiende de fronteras y que no cabe desligar de los lodos profundos en los que hunde sus viejas raíces el problema del colonialismo y el genocidio de Israel contra el pueblo palestino. Ello, por supuesto, sin desconocer el importante avance que denota que una organización internacional del peso de Amnistía Internacional se sume al coro de las voces críticas y consecuentes que definen como apartheid la discriminación sufrida por los palestinos.

Régimen inhumano

Ese es el sistema israelí, “un régimen inhumano, que dice que la vida del judío es más importante que la de los palestinos, que sostiene que la vida de los palestinos no importa”, apunta Hasan. “Nuestra resistencia es decir que vamos a resistir a ese régimen, que vamos a quedarnos en nuestra tierra a pesar de todos los esfuerzos de expulsarnos, que vamos a ponerle fin a la impunidad israelí”.

Para eso, sin embargo, resulta de suma importancia reclamar, al unísono, el fin de la impunidad israelí. “A todas las activistas, toda la sociedad civil, todos los amigos de la justicia en todo el mundo, reclamamos, reivindicamos, los derechos de los palestinos, el derecho de volver de los refugiados, de vivir no sólo en igualdad cívica y social, sino también de descolonizar”, reclama Hasan. Sin descolonización no hay una justa solución para la causa palestina.

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