La innovación y la financiación son claves para afrontar el desafío de la crisis alimentaria global

Nace Together Against Hunger (Juntos contra el Hambre), un movimiento formado por expertos, activistas y otros actores de la sociedad civil que busca nuevas formas de luchar contra el hambre.

45 millones de niños y niñas menores de cinco años sufren desnutrición aguda y las predicciones apuntan a que esta cifra continuará creciendo en el futuro.

Los conflictos, el cambio climático, las consecuencias de la pandemia de la covid-19 y las desigualdades están impulsando el hambre hacia formas más complejas e interconectadas.

 

A pesar de todos los avances de las últimas décadas en la lucha contra la desnutrición infantil, 45 millones menores de cinco años en el mundo sufren desnutrición aguda, y las predicciones apuntan a que esta cifra continuará creciendo en los próximos años. Uno de los retos de Acción contra el Hambre es, precisamente, abordar la desnutrición aguda en la infancia, la cara más dramática del hambre: en la actualidad, solo el 20% de los niños y niñas que sufren de desnutrición reciben tratamiento.

Si atendemos al número de personas en el mundo que requieren asistencia alimentaria, sigue aumentando a un ritmo alarmante. En 2021 ya había 828 millones de personas que padecían hambre (casi el 10% de la población mundial), un incremento de alrededor de 46 millones desde 2020 y 150 millones desde el inicio de la pandemia de la COVID-19, según el último informe de Naciones Unidas.

Formas más complejas

Estas tendencias son el resultado de múltiples factores que se retroalimentan entre sí, que van desde conflictos hasta crisis climáticas, económicas y sanitarias. Todos estos factores están impulsando el hambre hacia formas más complejas e interconectadas que afectan, especialmente, a tres grandes zonas del mundo: la región africana del Sahel, Oriente Medio y Latinoamérica.

Acción contra el Hambre opera directamente en esas tres zonas y ha elaborado una serie de informes –“Una crisis alimentaria mundial sin precedentes si no actuamos ya, sobre la crisis alimentaria en Sahel; “El acceso a alimentación de calidad se convierte en un lujo en el Líbano” y “Crisis alimentaria en América Latina”-, donde puede encontrarse información más precisa de cómo está afectando el hambre a las comunidades de esas zonas.

Para afrontar esta crisis alimentaria global, Naciones Unidas estima necesarios 41 000 millones de euros destinados a ayuda humanitaria, de los que solo un 37’5% ha sido cubierto hasta ahora. Pero si tomamos como referencia la última década, podremos comprobar que la financiación humanitaria ha disminuido un 27% (informe “The Hunger Funding Gap”, publicado por Acción contra el Hambre).

Nuevas formas de luchar contra el hambre

Asumir el desafío de acabar con el hambre requiere, además de financiación, de innovación. En el Día Mundial de la Alimentación ponemos el foco en ella como medio para reducir las cifras del hambre: por un lado, en la necesidad de realizar diagnósticos más sencillos -el diagnóstico es la entrada al tratamiento- y, por otro, en la mejora de los accesos a los tratamientos, empoderando a todos los agentes comunitarios.

“Hay que simplificar los protocolos de tratamiento, buscar alternativas a los productos nutricionales y seguir empoderando a los agentes comunitarios no sanitarios, algo que nos permita salir de los enfoques tradicionales”, apunta el director de i+D+I de Acción contra el Hambre, Amador Gómez. SAM Photo es un claro ejemplo de cómo la innovación puede ser un instrumento perfecto para paliar el hambre. Esta app, desarrollada por Acción contra el Hambre, que permite fotografiar a niños y niñas menores de cinco años en lugares remotos o afectados por conflictos, determina si padecen desnutrición aguda mediante fotodiagnóstico.

Poder transferir conocimiento y competencias a través de la formación para dar mayores capacidades a la población se erige como otro de los retos y necesidades en la lucha contra el hambre. “Como organización humanitaria, por ejemplo, tenemos el conocimiento para abrir pozos de agua en determinadas zonas” -apunta Amador Gómez, “pero lo realmente importante es tener la capacidad de transferir ese conocimiento y la competencia a las comunidades locales; en eso es en lo que estamos trabajando”, añade.

En los últimos 30 años, el mundo ha logrado enormes avances en la lucha para erradicar el hambre, pero es insuficiente. Hay que reinventar la forma de luchar contra esta lacra. Para debatir y encontrar nuevas propuestas, Acción contra el Hambre ha impulsado Together Against Hunger (Juntos contra el Hambre), un movimiento que fomenta la solidaridad, formado por expertos, activistas, filántropos, donantes y legisladores comprometidos con la urgencia de tomar acciones clave para acabar con el hambre en el mundo. El primer encuentro ha tenido lugar en Washington los días 12 y 13 de octubre.

“Ser una organización innovadora es ganar eficacia, simplificar las formas de trabajar y, por lo tanto, que sean más escalables y puedan ser asumidas por otros actores”, explica Amador Gómez. En la lucha contra el hambre “nada va a cambiar si no modificamos las formas de trabajar, atrevámonos a romper el perímetro y a explorar otros caminos”, concluye.

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