Informe: La acción humanitaria en 2019-2020, una agenda condicionada por la pandemia

El IECAH, en colaboración con MSF, presenta un año más su informe anual sobre acción humanitaria, marcada por el coronavirus, y el aumento y retroceso de la financiación internacional.

Tras años de recortes, España incrementa la financiación de la ayuda oficial al desarrollo –y la acción humanitaria– aunque todavía está lejos de alcanzar el compromiso del Gobierno para el año 2023.

Imagen de portada del informe IECAH 2020

La crisis sanitaria, social y económica originada por la COVID-19 y sus graves consecuencias humanitarias van a condicionar todo el quehacer humanitario en los próximos años. Además, la pandemia ha golpeado en un momento de retroceso en la financiación humanitaria internacional y crecimiento de las necesidades de asistencia y protección, afectando gravemente a la movilidad de muchas poblaciones atrapadas en complejas situaciones que amenazan aún más sus derechos.

Estas son las principales conclusiones del informe: ‘La acción humanitaria en 2019-2020: una agenda condicionada por la pandemia’, realizado por Médicos Sin Fronteras (MSF) y el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).

A finales de 2019, un total de 79,5 millones de personas se encontraban en situación de desplazamiento forzado (un 12,28% más que tan solo un año antes y un 93,9% más que a finales de 2010); 34 conflictos armados seguían activos (el mismo número que en 2018) y había 94 escenarios de tensión a nivel mundial (83 en 2018).

Crisis más complejas y duraderas

Las crisis son cada vez más complejas y duraderas. En la actualidad, más de mil millones de personas, el 16% de la población mundial, viven en países que las sufren. El número de países que sufren crisis prolongadas ha aumentado de 13 en 2005 a 31 en 2019. Una de las consecuencias de esta situación es que en 2020 casi 168 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria y protección, la cifra más elevada en décadas. Yemen, con el 80% de su población necesitada de asistencia, es la peor crisis humanitaria a nivel mundial.

A pesar de esta demoledora realidad y de que los llamamientos humanitarios habían ascendido a su máximo histórico, la financiación internacional destinada a la acción humanitaria disminuyó en 2019 por primera vez desde el año 2012. Durante 2019, los fondos de acción humanitaria internacional, incluyendo la suma de los fondos públicos y las donaciones privadas, disminuyeron en 1.600 millones de dólares hasta los 29.600 millones de dólares. Yemen y Siria fueron los dos principales receptores de fondos humanitarios.

“La persistencia de tantos conflictos y la creciente percepción de la incapacidad de los actores encargados de tomar decisiones para paliar los efectos más perversos de esa amarga realidad terminan por alimentar el desapego de algunos y la tentación de otros de romper en pedazos el espejo de doble cara en el que se refleja la realidad de nuestros días”, afirma Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del IECAH. “Es imprescindible una respuesta multilateral y multidimensional para evitar que la desestabilizadora brecha de desigualdad siga aumentando”.

Un desafío sin precedentes

La pandemia causada por la COVID-19 a principios de 2020 ha supuesto un desafío sin precedentes para un sistema humanitario ya en tensión que ha tenido que adaptarse y responder a las necesidades adicionales de las personas afectadas por la pandemia. A pesar de que cuando se cerró el informe, la respuesta inicial a la COVID-19 parecía sólida, a día de hoy solo se ha cubierto el 40% del Plan de Respuesta Global contra la COVID-19 lanzado por Naciones Unidas. Un porcentaje totalmente insuficiente para responder tanto a las consecuencias de la COVID-19 como a otras necesidades apremiantes.

“Aunque se ha enfatizado que la respuesta a la COVID-19 no puede ir en detrimento de otras prioridades de salud, en la práctica, los servicios de salud esenciales se han reducido drásticamente en muchos países”, afirma Raquel González, responsable de Relaciones Externas de MSF. “La pandemia está afectando la salud de la población y el acceso a la atención. En muchos de los países donde trabajamos hemos tenido que reducir o interrumpir los servicios no relacionados con la COVID-19 justo cuando más necesario era ampliarlos”.

En los países de rentas bajas, preocupan especialmente las enfermedades prevenibles mediante vacunas, la seguridad alimentaria y la malaria, en gran parte debido a su impacto desproporcionado en la morbimortalidad y porque, debido a la COVID-19, se han suspendido muchas actividades preventivas relacionadas con estas áreas.

El «triple nexus»

El apoyo de organismos multilaterales y Estados donantes al nexo entre lo humanitario, el desarrollo y la construcción de la paz (concepto conocido como ‘Triple Nexus’) supone un riesgo de instrumentalización de la ayuda humanitaria al servicio de objetivos militares o políticos. En unas crisis donde coinciden, cada vez más, organizaciones muy diversas con variados objetivos, la colaboración de las organizaciones humanitarias con otros actores debe guiarse por ciertos criterios y cautelas, enfatizando la necesidad de una acción humanitaria basada en los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia.

“Aunque teóricamente esto es así, debe garantizarse su aplicación operacional con mecanismos de seguimiento. Es necesario respetar la independencia de las organizaciones humanitarias y su autonomía, así como el libre acceso a las poblaciones afectadas por la crisis tal como establece el Derecho Internacional Humanitario”, afirma Francisco Rey, codirector del IECAH.

Por otra parte, la reciente defensa de la localización del trabajo humanitario no debe obviar la particularidad de los conflictos armados. El personal local que vive y trabaja en zonas de guerra no puede abstraerse del contexto de violencia y sufrimiento en el que vive, y su adhesión a todo principio humanitario en toda circunstancia es una aspiración imposible. Sin embargo, un estudio de MSF muestra falta de conocimiento y comprensión en los factores de presión que pesan sobre el personal local y que pueden suponer una amenaza para la actuación imparcial de la acción humanitaria.

Por ejemplo, la presión que puede ejercer la familia, la comunidad o las partes en conflicto para priorizar la atención de un/a paciente por un motivo distinto a la gravedad de su estado de salud. El personal local es imprescindible para trabajar en zonas extremadamente violentas, pero no se puede obviar un contexto que condiciona su comportamiento y actitud.

Acción humanitaria pública española

El estudio de IECAH y MSF también aborda en detalle la situación de la acción humanitaria pública española que alcanzó los 61,99 millones de euros en 2019, un 22,1% más que el año anterior. A pesar de este significativo aumento, su porcentaje dentro de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) neta sigue siendo muy bajo: 2,38%. El compromiso de la Cooperación Española es que la AH suponga el 10% de la AOD, en línea con las recomendaciones a nivel internacional.

Por su parte, la AOD neta durante el año 2019 ha sido de 2.601,67 millones de euros, 20,75% más respecto al año anterior. El peso de la AOD respecto de la Renta Nacional Bruta ha sido del 0,21%, claramente insuficiente si el Gobierno pretende cumplir su compromiso de alcanzar el 0,5% en el año 2023.

El área geográfica a la que se han destinado más fondos ha sido Oriente Medio, con 18,5 millones dedicados a Siria, Palestina, Líbano y Yemen. A África Subsahariana se han destinado 9,69 millones de euros y 4,55, al Norte de África, mayoritariamente a la población saharaui. América del Norte, Central y Caribe y América del Sur recibieron 2,58 y 4,06 millones euros respectivamente, siendo Venezuela, Colombia y El Salvador los países con una mayor cantidad de fondos. Por último, Asia recibió 1,55 millones que fueron dirigidos a Bangladesh y Filipinas.

Chalecos rojos

En 2019, la AECID desplegó por primera vez el equipo médico START (“Chalecos Rojos”) para dar respuesta a la emergencia del ciclón Idai en Mozambique. Y en relación con la respuesta humanitaria de la COVID-19, la Cooperación Española ha creado la Estrategia de respuesta conjunta de la Cooperación al Desarrollo a la crisis de la COVID-19, que pretende responder a las necesidades que plantea la pandemia. El conjunto de la Cooperación Española movilizará un total estimado en 1.720 millones de euros para dar respuesta a la crisis de la COVID-19.

El informe también destaca cómo la ciudadanía se ha ido alejando de las preocupaciones internacionales y de solidaridad, permitiendo, de facto, que desde el Gobierno se incumplieran los compromisos adquiridos. “Recuperar los lazos con la ciudadanía se convierte en una tarea inaplazable para nuestro sector”, concluye Francisco Rey.

Lee aquí el informe completo.

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