En Forecariah miles de personas han reducido a una su ración diaria de alimentos por el ébola

El ébola ha impactado duramente sobre la producción del arroz (se han producido 130.000 toneladas menos, equivalente a un 10%, del principal alimento de la población) y ha restringido su comercialización.

“Menos gente trabajando en los campos, comerciantes que no recogen la producción, campesinos con ingresos reducidos, arroz que se daña en los campos sin ser vendido, familias escondidas en sus casas y comunidades que dejan de ir al mercado sin dejar a su niños ir a la escuela… no es solo la enfermedad, sino todos los miedos que la rodean, lo que está convirtiendo al ébola, más allá del problema de salud, en una amenaza para la seguridad alimentaria de la población en una región en la que ya vievn 5 millones de personas amenazados por el hambre”, ha explicado esta mañana en un desayuno informativo en Madrid Susana Dos Santos, directora país de Acción contra el Hambre en Guinea-Conakry desde agosto de 2013 hasta hace un mes.

Junto a ella el Director Técnico de Acción contra el Hambre, Amador Gómez, resumía el colapso del sistema de salud: “en Guinea las vacunaciones han caído un 70% y las consultas de medicina general un 45% en el último año, principalmente por el miedo de la gente a acudir a centros de salud etiquetados como puntos de contagio en el imaginario colectivo. Esto es extremadamente grave para la detección y tratamiento de otras enfermedades, entre ellas la desnutrición aguda, que podría dispararse entre los menores de cinco años durante los próximos meses”. “Por ello es crucial recuperar cuanto antes la confianza en el sistema de salud”, ha añadido.

Un año de respuesta, avances lentos
“La comunidad internacional reaccionó tarde, creyendo que sería un brote como los de Congo y que afectaría solo a una población aislada, subestimando el hecho de que el primer brote surgió en una triple frontera administrativa con un enorme tránsito de población”, ha explicado Susana. “Este despliegue tardío de la respuesta unido a las reticencias de la población y al a fragilidad del sistema de salud hacen que los avances sean más lentos de lo necesario”, ha añadido.

«Podemos decir que un año después del primer caso Guinea es un país en stand by, todos los esfuerzos y atención de las autoridades y actores humanitarios se concentran en el control de la enfermedad, en detrimento de servicios básicos como la atención a otras enfermedades y el seguimiento de la desnutrición», ha concluido.

Amador Gómez ha recordado por su parte que «es muy posible que la epidemia se enquiste no solo en guinea sino en el continente africano por lo que será crucial desarrollar de planes de contingencia y que la población tome conciencia de que se trata de una enfermedad real».

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